sábado, 2 de enero de 2016

El Amor Cortés De Los Psicoanalistas

El psicoanálisis es esencialmente una cura a través del amor, un "amor transferencial" del cual no me voy a ocupar en este espacio ya que ahondaré el tema del "amor cortés" y sus avatares, aquella forma de amar que Lacan analizó y tomó como base y ejemplo para explicar el amor transferencial.




Para el amor, Lacan recurrió a los poetas, a los pintores, a los mitos (que en ocasiones inventa), a ciertas fórmulas frías que no están allí sino para funcionar como slogans, soportes de un rumor, no como enunciados de los que habría lugar para dar cuenta teóricamente. Agreguen a esto ciertos lapsus sonoros y captarán que el amor habita en Lacan de otra manera que como un objeto a teorizar. Pero hay algo más decisivo aún. Algunas figuras del amor han dado lugar a teorías, otras no, lo que retorna para decir que teorizar el amor supone elegir ya un cierto tipo de amor. Hay amor con teoría y amor sin teoría. Lacan tuvo que vérselas con esta alternativa, especialmente cuando recurre a los trabajos de Pierre Rousselot, y ahí su elección es clara: deja de lado al amor físico y brinda su preferencia al amor extático, aquel que no había dado lugar a una teoría y que no había tenido necesidad de ser teorizado para divulgarse con efectividad, como una epidemia. Entonces, Lacan logró una cierta e inédita apreciación sobre el amor, lo que yo creo poder afirmar, estándole cortada la vía que hubiera consistido en ofrecerle a sus alumnos una presentación teórica acerca del tema.

Entre los siglos XI y XII surgirá en Francia, para extenderse luego en otros países. Sus iniciadores fueron los trovadores cátaros del territorio del Languedoc que abarcaba parte del sur de Francia, pero que influyeron en gran parte de Europa. Poetas y cantantes que habitaban en los palacios, en la corte. Es decir, que con frecuencia se trataba de la elite aristocrática, aunque no exclusivamente. Aquello por entonces se conoció como fine amour, amor sublime, amor afinado, depurado, pero no en el sentido platónico. Se trata de un amor hasta el fin, un amor llevado a sus límites extremos, Lacan nos dirá que "sus repercusiones éticas aún son sensibles en las relaciones entre los sexos". No se trata sólo de una modalidad de amor, sino además de una creación literaria; para Lacan implica un paradigma de sublimación, en tanto está en referencia a Das Ding, a esa Cosa que Freud aisló como el primer exterior en torno al cual se organiza todo el andar del sujeto con relación al mundo de sus deseos, ese objeto que, por naturaleza, está perdido. Ese Otro absoluto que se procurará reencontrar, pero como mucho sólo reviviremos en sus coordenadas de placer, esto es la nostalgia. La sublimación eleva un objeto a la dignidad de la Cosa. El amor cortés tendrá que ver con la sublimación del objeto femenino.

Los trovadores crearon un nuevo género poético –la poesía cortés escrita en lengua vulgar o romance– así como un nuevo código de amor. El amor cortés fue tanto una creación poética, como un ideal social y un código de amor. La poesía de los trovadores era acompañada por la música; el poeta recurría al artificio de combinar su voz con la música para seducir los oídos de la dama. Sus cantos exaltaban un amor noble y refinado contrapuesto a lo burdo de la copulación y la reproducción. Su ideal era tanto una ascética como una estética. Había tanto la aspiración de ascender espiritualmente al contacto con el objeto amoroso como la idea de hacer una obra de arte de las relaciones amorosas. Los poetas hacían alusión a lo difícil que era acceder al lugar del amor. En cuanto al código de amor, que dio origen al ritual del amor cortés. Acatar las leyes de amor (mesura, servicio, proeza, larga espera, castidad, secreto y gracia) permitía al poeta acceder a la alegría y al verdadero amor.

Con los conceptos de amor purus y amor mixtus, Capellanus sintetiza dos vertientes de amor cortés: El amor puro es el que une a los amantes con toda la fuerza de la pasión; consiste en la contemplación del espíritu y de los sentimientos del corazón; incluye el beso en la boca, el abrazo y el contacto físico [...] con la amante desnuda, con exclusión del placer último, pues éste está prohibido a los que quieren amar puramente. En tanto, el amor mixto, que incluye todos los placeres de la carne y llega al último acto de Venus. [...], es también un amor digno de elogio, aunque por él amenacen muy graves peligros.

El amor cortés revela como el amar era un arte en el sentido antiguo; un saber práctico, una técnica. La literatura cortesana muestra un arte de amar, cómo decir un saber y practicar el amor, una enseñanza del amor. Ars Amandi, el arte de amar es una expresión antigua, título de un poema de Ovidio, quien considera al amor como una técnica susceptible de ser enseñada, comparándolo con la navegación o la conducción de un carro, se trata de una técnica de la seducción. En la Edad Media Ovidio encontró a sus más apasionados lectores, pero no se conformaron con imitarlo, se ha dicho que la que en esta época se inventó una idea nueva y original del amor, como suele pasar en estos casos reveló algo de la verdad en juego, tomando en serio al deseo. El amor es tomado en su naturaleza paradójica y contradictoria. Un amor que es alegría pero también sufrimiento. Los trovadores utilizaban la palabra joy, que si bien participa de la alegría era diferente, se trata de una joya en la que la alegría del amor contempla la presencia de cierta sombra. La insatisfacción era considerada como una esencia del deseo, verdad que nos revela la clínica de la histeria. Por otro lado, los obstáculos en juego llevan a la exaltación del amor.

El amor cortés medieval resulta ejemplar para evidenciar un modo de elusión de la castración, estrategia última de toda conducta virginal. En su seminario Aún, Lacan se refiere al truco que supone en los siguientes términos: "Una manera muy refinada de reemplazar la ausencia de relación sexual fingiendo que somos nosotros quienes ponemos un obstáculo en su camino".

... q'ieu e midonz jassam / en la chambra on amdui nos mandem / uns rics convens don tan gran joi atendi, / qe.l seu bel cors baisan rizen descobra / e qe.l remir contra.l lum de la lampa.

... que yo y mi señora yazcamos en la cámara en la que ambos fijemos una preciosa cita, de la que espero tanto placer que descubra su hermoso cuerpo, besando y riendo, y que lo contemple contra la luz de la lámpara.

El amor para Lacan:

"Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es". 
(Ser Otro... para la madre).

El amor no es pues solamente narcisista. Tiene función de suplencia. A falta de la existencia de la relación sexual, es al amor al que le toca suplirla. En la ilusión, ciertamente. Ilusión de que esa famosa relación existe, que nosotros no formamos sino uno, que uno se comprende más allá de las palabras. Pero no solamente en la ilusión. El amor se pretende también signo, y goce, y compromiso, es decir síntoma, para suplir efectivamente a la relación que falta entre los sexos.

Que el signo de amor del partenaire sea esperado más allá de sus declaraciones de intención amorosa es un hecho clínico patente. El signo no es el sentido y el don no es el amor. El único signo de amor que valga efectivamente es dar lo que no se tiene, como lo señala Lacan en el Seminario IV: ”no hay un don posible más grande, un mayor signo de amor, que el don de lo que no se tiene”. Hasta especifica en el Seminario siguiente que poco importa que aquel al que se le hace el don tenga o no tenga, aquello de lo que se trata, ya que lo esencial es que no lo tenga aquel que lo da. Que el hombre apurado ofrezca su tiempo, la mujer pobre su falta en ser, el infiel su fidelidad, el inconstante su constancia.

Es el ya conocido:

"Contigo soy distinto, soy Otro".

Pero ese signo encierra una paradoja ya que al dar lo que no se tiene, uno puede darse cuenta de que no lo tiene, “no tenerlo” evoca inevitablemente el falo, y así, cuando el padre muestra un amor excesivo hacia la madre, es sospechado, por el niño, de no tenerlo.(Lacan, Seminario V).

El aforismo de Lacan, “Solo el amor permite al goce condescender al deseo” (Seminario X), es de un orden muy distinto al signo de amor. Más bien introduce al amor en su función de velo con relación a lo real, es decir en relación al goce. Jacques- Alain Miller lo comenta así: “en la vertiente del amor, el objeto real es elevado a la dignidad de objeto simbólico “, lo que hace pasar de la satisfacción de la necesidad a la metonimia del deseo (Cause freudienne Nº 58). El amor y la angustia están ambos entre goce y deseo. El amor como velo, la angustia como lo que no engaña.

En el Seminario XX, Lacan hace muy explícito el lazo entre el amor y el goce. No se trata del mito de Aristófanes, es más bien la disyunción de los dos lados del drama sexual. Lado macho, “lo que aborda, es la causa de su deseo (…), el objeto a. He ahí el acto de amor. Hacer el amor, como el nombre lo indica, es poesía. Pero hay un mundo entre la poesía y el acto. El acto de amor, es la perversión polimorfa del macho…” (Lacan, Seminario XX). El acto de amor del macho es el goce fálico en tanto que es autista, sin Otro, sin incluir el amor y no pasando sino por la causa del deseo. Es a lo sumo el amor de la laminilla, con la que Lacan le responde a Aristófanes en el Seminario XI. Un amor sin amor, que prescinde del Otro. Es el goce del idiota. Siendo el lado homo el que se contenta en silencio. Lacan va más allá de la posición de Freud en la más común de las degradaciones del amor.

Lado mujer, el amor está incluido en el goce. En otras palabras: no puede ser sin palabras, ya que, en efecto, “hablar de amor es en sí un goce” (Lacan, Seminario XX). Y hasta: “es hablando que se hace el amor” (Lacan, Seminario XIX, 4/5/72). Hablar implica al Otro, lo hetero. Es lo que le permite a Lacan escribir: “llamemos heterosexual por definición al que ama a las mujeres cualquiera sea su propio sexo” (Lacan, El Atolondradicho). Para Lacan el amor está forzosamente del lado mujer, con lo que contiene de obra civilizadora. Aquí no hay silencio posible sino más bien un goce que puede llegar a la mística. El goce femenino, el Otro goce del que habla Lacan en el Seminario XX es suplementario al goce fálico, que no por eso escapa a las mujeres. Suplementario se opone acá a complementario. El complemento aseguraría una relación (matemática) entre los sexos. El suplemento no asegura nada de eso. Es un bricolaje de apoyo.






Tomado de: http://viktorvizcaino.blogspot.com.co/

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